Bernabé Fernández

Bernabé Fernández (‘Al salir de clase’): «Siempre le estaré agradecido a Rubén y a toda aquella experiencia»

Entrevista a Bernabé Fernández, actor al que conocimos en ‘Al salir de clase’, saltó a ‘El Internado’, ‘El Barco’ o ‘Aída’ y más recientemente le hemos podido ver en ‘Amar es para siempre’, ‘Centro Médico’, ‘Servir y proteger’ o ‘Las chicas del Cable’

Bernabé Fernández siempre estuvo atraído por la interpretación desde que era muy pequeñito. Tuvo un papel secundario en ‘Médico de familia’ que fue una gran oportunidad, aunque todos le reconoceremos siempre como Rubén en ‘Al salir de clase’. Desde entonces le hemos visto en múltiples ficciones en papeles opuesto como el cura Palomares en ‘El barco’, el soldado Torres en la recta final de ‘El Internado’ o el novillero de Esperanza Sur en ‘Aída’. Tras ellas, ha estado presente en ‘Amar es para siempre’, ‘Centro Médico’, ‘Servir y proteger’ o ‘Las chicas del Cable’. Hemos tenido la oportunidad de hablar largo y tendido con el actor con el que amablemente hemos repasado toda su trayectoria profesional haciendo hincapié en algunos de sus trabajos más sonados, en el presente y el futuro más inmediato.

  • ¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo de la interpretación? ¿cómo nació tu pasión por actuar? 

Lo de actuar me llamó siempre, desde que entendí que los que aparecían en las películas eran actores. De pequeño pasaba gran parte de mi tiempo en el cine o frente a la tele, y asociaba gran parte de mi realidad a lo que veía en la pantalla, como si aquella narrativa cargase de sentido mis propias experiencias. Recuerdo que me gustaba mucho imitar, hacer voces, jugar con personajes, pero obviamente no tenía ni idea de lo que significaba actuar.

La pasión apareció al comenzar a estudiar interpretación. Cuando tomé contacto con el teatro desde dentro me fasciné por todo ese mundo de adultos jugando, analizando personalidades, dinámicas y situaciones, procesando las emociones de forma consciente… Perdí la fantasía de la sencillez con la que me había imaginado como sería todo el proceso, pero descubrí que era aún más interesante.

  • Aunque te vimos como secundario en ‘Médico de familia’, ¿tu gran oportunidad llegó con ‘Al salir de clase’? 

Bueno, ‘Médico de familia’ ya fue una gran oportunidad, además que era ya entonces mítica, el personaje me divertía mucho y me abrió las puertas a los castings. Luego participé en otras, pero entrar en ‘Al salir de clase’ con un personaje fijo fue un sueño. En aquel momento ese era el objetivo de gran parte de los actores jóvenes.

  • ‘Al salir de clase’ fue una cantera de actores que conocemos hoy en día. ¿Qué ha supuesto para ti interpretar a Rubén? 

Siempre le estaré agradecido a Rubén y a toda aquella experiencia. Fue una escuela en muchos sentidos, una época maravillosa pero de la que también agradezco lo que aprendí sobre las sombras del sector. Llegué con una visión muy ingenua de la televisión y me formó en muchos aspectos que aún tengo muy presentes. Tuve además mucha suerte con que el personaje fuese tan poliédrico, con un arco tan interesante. Desde su comienzo hasta el final pasó por lugares completamente distintos, y eso me permitió ir aprendiendo más que en ningún otro sitio.

  • En aquella época se arriesgó con una trama homosexual entre tu personaje y el de Alejo Sauras (Santi), ¿cómo viviste aquella experiencia al protagonizar algo así que se veía tan poco en televisión (hasta entonces)? 

Al principio no era muy consciente de lo que suponía. A mí me encantaba la idea de ser parte de una trama tan necesaria y sabía que podría descolocar, remover, que a muchos les escandalizaría pero cuando se emitieron los primeros capítulos de la trama me di cuenta de la repercusión social que eso podía tener. Nos llegaban cientos de cartas cada semana, incluso se creó un foro dedicado a nuestros personajes donde vi la suerte que tenía dando voz a tantas personas que hasta entonces no habían contado con roles con los que identificarse en series.

Descubrí la gran importancia de la ficción para difundir mensajes necesarios. Lo que pasó con nuestra trama no solo le afectaba a quienes habían encontrado en Santi y Rubén un reflejo, esa visibilidad también cambió algo en la percepción en sus entornos. Hasta entonces yo atribuía al cine y el teatro esa capacidad para lanzar mensajes que sanan algo de la consciencia colectiva pero asociaba a las series con entretenimiento y a través de aquello me di cuenta del poder de la televisión para difundir mensajes.

  • ‘El Barco’ apostó por una trama original y novedosa, ¿cómo llegaste a la serie y que te atrajo de su argumento? 

A través de un casting. Antes de saber que estaba dentro lo que más me atrajo fue el género de aventuras y ciencia ficción, me parecía surrealista participar en un proyecto tan ambicioso y con esa temática. Cuando me dijeron que me habían elegido me sentí el más afortunado del mundo. Eran formatos que nunca antes se había hecho en España y con los que llevaba años fantaseando toda mi vida como espectador de películas y series americanas.

  • Cambiaste totalmente de registro para interpretar al cura de ‘El Barco’, ¿cómo era Andrés Palomares? 

En principio no era cura, fue a partir de los ensayos cuando uno de los directores vio que eso le sumaría mucho. En un primer momento me chocó, pues yo apenas he tenido vínculo con la iglesia y relacionaba a los curas con personas bloqueadas, adoctrinadas, reprimidas, con características que no había reconocido en los primeros guiones. Sin embargo el tratamiento que le dieron fue fantástico, su condición de cura era tan sólo un rasgo más, no caía en esos estereotipos. Palomares era en realidad un revolucionario.

Me gustaba mucho su mirada, se regía a través de sus principios pero desde un criterio propio al margen de dogmas. Daba libertad a los demás para ser y decidir a través de sus creencias, ofrecía su apoyo espiritual sin condiciones. Me gustaba pensar que para él la Biblia era tipo el Tao te kin o el Zohar, un libro lleno de metáforas a interpretar libremente cuando necesitaba respuestas, más inspirador, filosófico y de interpretaciones ilimitadas que como un manual moralista.

  • ¿Quién te sirvió de inspiración para dar vida a Palomares? 

Tengo dos tías-abuelas monjas que a pesar de dedicarle su vida a la iglesia nunca han mezclado sus creencias espirituales con cuestiones políticas, juicios morales o intrusiones en la libertad individual de cada uno. En éste sentido creo que fue muy interesante mostrar con Palomares que en la iglesia, como en toda religión, hay muchos tipos de devotos; de hecho me escribieron varios curas para agradecer ese enfoque.

  • También entraste a formar parte de ‘El Internado’, ¿cómo fue tu interpretación del soldado Torres en la última temporada de la serie? 

Entré en la recta final, cuando ya todos estaban confinados por la pandemia. Torres iba descubriendo que todo lo que le habían dicho sobre aquello era falso, casi a cada secuencia se rompían sus esquemas mentales para pasar a formar parte de esa resistencia de los confinados.

La relación romántica con el personaje de Elena Furiase me encantó; ambos no explicitaban nada, como parecía que ocurriría al estar acercándose el final. Todos querían un novio para Vicky, pero incluso hasta la última secuencia de la serie ambos jugaban con subtexto… bromas, insinuaciones y miradas para mí más interesantes que si hubiese quedado más explicado que final juntos.

  • Te vimos dando vida a Marcial en ‘Aída’, ¿cómo te preparaste para dar vida al novillero de Esperanza Sur? 

Llevaron a un torero para darme clases con el capote. Me enseñó cómo hacerlo para la secuencia en la que toreaba a Fidel, pero más interesante aún fue que en esos días pude preguntarle sobre su forma de entender todo eso y acercarme a comprender su marco mental. Hasta entonces solo había visto a los toreros desde un ángulo de juicio, y ahí me propuse ver muchas entrevistas y corridas de toros grabadas desde un enfoque más ecuánime. Siempre he sido antitaurino, desde pequeño que mis padres me llevaban a Las Ventas ya me parecía horrible, pero gracias a Marcial pude comprender cómo el sesgo de percepción conforma nuestro sentido de la ética. Por ejemplo, mi personaje hablaba de la hipocresía de los antitaurinos y aquello me hizo replantearme mi relación con el maltrato animal. Fue cuando dejé de comer carne.

  • Ser actor significa meterse de lleno en personajes que no tienen nada que ver contigo, ¿es un privilegio conocer a fondo otro tipo de profesiones tan alejadas de tus ideas? 

Para mí es una de las cosas más interesantes de actuar, uno no puede acercarse al personaje desde el juicio y eso te obliga a comprender posturas con las que de otra modo nunca te esforzarías por empatizar. Creo que nunca apoyaría algo como las corridas de toros pero también entendí que, como en la mayoría de las cuestiones éticas, la educación sostiene nuestras realidades. Si queremos dejar de cosificar a los animales y que la caza deje de ser considerada deporte, hace falta comenzar por una base hacia crear los cimientos de respeto a las otras especies.

  • También te hemos visto en series diarias de gran relevancia, ¿es muy diferente el ritmo de rodaje de una serie de sobremesa a una de prime time? 

Sí, bastante. Ahora se hacen series diarias de mucha calidad, pero en las semanales se suele contar con más tiempo para grabar cada secuencia, plantear dudas con el director, matizar intenciones, respirar entre secuencias… Además, ahí los textos son más sintácticos, con más acción.

Por otra parte, las series diarias suelen permitir darle más desarrollo al personaje, ya que se graban muchas más secuencias largas en menos tiempo. Es más común que en ese formato el actor ponga más de sí mismo a éste, ya que el trabajo de caracterización no es tan viable. También es más complicado hacer en cada secuencia algo distinto, y en ese sentido es siempre un reto.

  • ¿Con qué te quedas de Samuel de ‘Amar es para siempre’ e Iker de ‘Centro Médico’? 

De Samuel me quedo con su contrapunto neurótico, tenía una dinámica muy interesante entre el acojone y la valentía; ser el más romántico y de pronto pasar a la frialdad sin previo aviso, el sensato profesor o el niñato al que toda la situación que vivía parecía quedarle grande. Era muy humano. A veces los actores buscamos una coherencia total en los personajes cuando la realidad es bien distinta, las personas somos contradictorias.

De Iker con su visión optimista del mundo. Un personaje que veía el vaso medio lleno aun en el fango más absoluto, y cuando no le quedaba más remedio que aceptar su realidad la enfocaba con un sentido del humor muy ácido. Podía tener problemas con el alcohol, las piernas engangrenadas, vivir en la calle, con su mujer liada con otro, pero él lo pintaba de tragicomedia para sostener su realidad sin miedo.

  • ¿Cómo fue meterse en la piel de Juan Abascal, el gran villano de la serie policiaca de ‘Servir y proteger’? 

Fue un regalazo. Llevaba tiempo deseando interpretar a un psicópata, y Juan me llegó surtidito de aspectos interesantes. Durante meses nadie supo que era él quien estaba detrás de la trama principal y me encantaba jugar esas secuencias en las que el personaje jugaba a ser otro personaje. Pero cuando se destapó su identidad fue aún mejor, hay algo muy liberador en abordar a alguien sin juicio interno. Aunque desde fuera sea aterrador, esa forma de libertad interior que hace tan peligrosos a los psicópatas es muy sabrosa de interpretar, y muy magnética.

  • Diste vida a Adolfo Valor en ‘Las chicas del Cable’, ¿Qué se siente al formar parte de una serie tan querida en el mundo? ¿Netflix ha podido ampliar tu reconocimiento a nivel internacional? 

No, mi participación allí no fue tan extensa. Aunque lo hubiese sido creo que en éste momento hay tal cantidad de series que no es tan habitual que el público se quede con los actores excepto en el caso de los protagonistas de las series más mediáticas. Ha cambiado la forma de verlas, ahora lo hacemos del tirón, con lo cual es más fácil que nos olvidemos de los actores al cabo de poco tiempo.

Creo que eso es un aspecto muy positivo para todos ya que, si continúa así, la visibilidad de las series dejará de estar sujeta a la popularidad de los rostros que aparecen y por tanto los castings no estarán condicionados por quien está o no de moda. Incluso para los más conocidos puede ser algo muy bueno, ya que era común que se diera una etapa en la que, salvo excepciones, a los actores del momento se les ofreciera mucho trabajo para más tarde hacerles desaparecer por haber sido identificados con determinados personajes, o incluso con una época.

Creo que la nueva forma de ver series permite que cambie esa realidad de combinar estrellazas con caras nuevas y se facilite que así las carreras sean menos irregulares. Eso ayudaría a que los actores estén siempre más entrenados sin necesidad de trabajar gratis durante los parones, a que los presupuestos de las producciones se equilibren, a que el público sea también más exigente con las series al no elegir qué ver a partir de si sale un actor u otro… Creo que es positivo tanto para el sector audiovisual como para el público.

  • Has dado vida a personajes de todo tipo, ¿dónde te sientes más cómodo, en drama o comedia? 

En teatro me suele gustar más la comedia porque en ese código se da una interacción con el público muy bonita. En audiovisual creo que es más fácil disfrutar de los registros dramáticos, pues suele darse una mayor intimidad al no tener que aumentar la gestualidad o proyectar la voz para que todo llegue hasta la última fila.

  • ¿Prefieres personajes actuales o históricos? 

Si se trata de una serie diaria puede que algo actual, los personajes de época son más agradecidos cuando hay más espacio para su elaboración, como en lo que antes llamábamos “series prime-time” o semanales. Pero si fuese en las mismas condiciones sería difícil elegir, cada época tiene su atractivo.

  • ¿A qué personaje te gustaría interpretar? 

Hay muchos otros roles que me encantaría explorar, desde un político retorcido tipo Underwood en ‘House of cards’ hasta alguien bien ingenuo y cándido como el protagonista de ‘Her’. En general, me suelen gustar los personajes con características muy definidas y distintas a las mías.

  • Y, por último, ¿qué futuros proyectos le esperan a Bernabé Fernández? ¿dónde podremos verte próximamente? 

Ahora estoy ensayando “El vergonzoso en palacio” de Tirso de Molina, con la Compañía Nacional de teatro clásico. Es una comedia dirigida por Natalia Menéndez que estaba planteada para estrenar en primavera, pero con el Covid todo se retrasó, ya que comenzábamos a ensayar a la semana siguiente del Estado de alarma. Aún no hay fecha de estreno, pero seguramente sea en el Teatro de la comedia ¡Allí os espero!

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