Las pequeñas cosas de la vida

Pasamos la mayor parte del tiempo preocupados por los grandes placeres de la vida que muchas veces implican tener un buen trabajo, uno estable y duradero (hoy en día casi imposible) que te dé el suficiente dinero para vivir desahogado, tener éxito y comprarte lo que quieras. Sí, el dinero ayuda y tener un empleo resta preocupación, pero realmente esas grandes posesiones no son las que hacen que disfrutes de la vida.

Esa frase que dice “el dinero no da la felicidad” es muy cierta, puede quitar presión en el día a día, en el mes a mes de tu vida pero no por tener algo material, eso te hará más feliz. De qué sirve tener una casa enorme si no tienes nadie con quién compartirla, de qué sirve poseer el coche de alta gama si nadie te acompaña a tu lado, de qué sirve un Smartphone de última generación si no recibes ningún mensaje…

Aunque los logros pueden ser gratificantes, a menudo te das cuenta que no por llegar a lo más alto te has convertido en alguien más lleno. Quizás es momento de pensar en pequeño en lugar de mirar a largo plazo, de centrarse en uno mismo, observar que te hace realmente feliz y disfrutar al máximo de las pequeñas cosas de la vida. Esas cosas casi insignificantes que a menudo, lo son TODO.

Solo tenemos que bajar el ritmo y prestar atención a las pequeñas cosas de la vida para que ésta valga la pena y saber lo afortunados que somos. A pesar de llevar una vida ajetreada, de saber que no tenemos ni un minuto para descansar y respirar, es importante vivir el presente y observar con detenimiento las cosas que te rodean porque esos momentos pasan sin casi darnos cuenta.

Vuelve a escuchar esa canción que te trae tan buenos recuerdos, que te hace bailar o te llena de alegría; siéntate en el sofá para ver esa película o serie que te apasiona o relee tu libro favorito, si alguna vez significaron algo para ti fue por una razón; aprecia la suerte que tienes cuando te despierta el piar de los pájaros y no el claxon de los coches en un atasco, es un lujo al alcance de muy pocos.

Manda un mensaje a esa persona que tienes en tu mente y no puedes olvidar, tal vez esté esperando lo mismo; sé amable con tus allegados, e incluso con extraños, es posible que ellos necesiten una muestra de cariño cuando menos lo imaginas; piérdete en la playa o en la montaña sin que nadie te moleste ni enturbie tu paz, estar en soledad y poner en orden tus ideas también es importante; sal de viaje, conoce culturas y nuevas tradiciones, enriquece tu vida y tu alma porque aprenderás a valorar más lo que tienes.

Ríe, bromea y llora de risa siempre que sea posible; disfruta de la familia porque familia no hay más que una y nunca hay suficiente tiempo para pasarlo a su lado; respeta a tus antepasados que hicieron lo posible para que hoy tengas ropa con la que vestirte, un techo donde refugiarte y un plato caliente en la mesa; etiqueta tu tiempo y repártelo entre las personas que realmente lo merecen, los amigos son la familia que escogemos y de la que  podemos casarnos y divorciarnos siempre que queramos.

A veces nos centramos en cosas insignificantes que pensamos que tendrán un impacto desmesurado, deja atrás enfados tontos, peleas sin sentido y ese odio que puede darte más de un quebradero de cabeza, si alguien no se merece estar en tu vida es mejor que desaparezca de ella.

Incluso de las situaciones más complicadas se puede hallar un halo de esperanza y una parte positiva. Abraza todo aquello que alguna vez te hace o te ha hecho  feliz, aquello que te saca una sonrisa sin saber por qué y disfruta porque esas son las pequeñas cosas de la vida.

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